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Por Eduardo Eraso

Titular, Editor y Columnista de Diario del Mercado
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 | 23 Agosto 2017 |

AGROQUIMICOS CON DESVIO DE USO


  • El SENASA no debe hacerse el distraído


Unas semanas atrás, una denuncia de una ONG ambientalista sobre la existencia de residuos de agroquímicos en frutas y hortalizas sacudió los medios en la ciudad de Rosario y tuvo repercusión nacional.

No era para menos, ya que estamos hablando de alimentos que en su mayoría se consumen sin cocción previa.

Recordemos también que hace ya unos años otra denuncia de similares características en la ciudad de Córdoba llevó al procesamiento a once productores bajo el cargo de envenenamiento masivo.

En todos los casos debemos distinguir entre agroquímicos prohibidos, permitidos con presencia de residuos y desvío de uso.

De ninguna manera podemos defender el caso de utilizar elementos prohibidos, o bien el de llevar a la venta alimentos que aún se encuentren en el período de carencia, esto es que se le han aplicado agroquímicos pero se debe aguardar un tiempo para que el efecto tóxico de los mismos no esté activo.

Pero si vamos a hacer hincapié en el caso de desvío de uso.

Tanto en Rosario como en Córdoba, la pelota se la pasaron entre la municipalidad, la provincia y el SENASA. Pero ninguna de estas reparticiones se arremangó y se puso a trabajar en serio sobre la cuestión de fondo en los casos de desvío de uso, una particularidad frecuente y que tiene solución en cuanto tengan la voluntad política de poner el tema en la agenda.

Mientras eso no se haga, el sector Frutihorticola estará siempre bajo sospecha y las consecuencias se notan en la caída de las ventas de todo el sector, incluso la desconfianza abarca a aquellos sobre los que si hacen las cosas bien.

¿Qué es el desvío de uso?

Se le llama así a las aplicaciones de agroquímicos permitidos para algunas especies pero que no están permitidos para otras.

Por ejemplo, está permitido para acelga o lechuga pero no para rúcula.

¿Y porqué no está permitido?, pues, porque ningún laboratorio quiere pagar el costo de la experimentación que determine el porcentaje de droga a aplicar en ese producto.

¿Quién cobra este estudio que lleva bastante tiempo y se debe efectuar en distintas regiones? El SENASA.

Esto pasa porque los laboratorios no están dispuestos a pagar por estudios sobre alimentos que tienen poco volumen y cuya droga la fabrican varios colegas. Entonces nadie paga y el producto se aplica igual.

La complicación es la cantidad a aplicar en rúcula, cuya hoja es más fina y reacciona diferente que la aplicación en acelga o lechuga.

De modo que SENASA en lugar de un organismo de sanidad alimentaria pasa a ser una empresa de lucro, a costa de la salud de la gente y de la credibilidad de las bondades de nuestros productos.

Se aplican tantos subsidios a tantas cosas y el estado en sus diferentes vertientes no tiene la capacidad política de subsidiar un estudio sobre aquellos productos sobre los cuales reclamamos desde el año 2003, cuando se lanzó el SICOFHOR, eventualmente el sistema de control frutihorticola.

Esto se lo expresé al director nacional de frutas y hortalizas, Juan Ignacio Machera, de quien esperamos que se ponga a trabajar en el tema y lo resuelva.

Otro tema conversado con Machera refiere al HLB y la presencia de plantaciones abandonadas de citrus.

Respecto de eso respondió que en todo el país, las plantaciones abandonadas de diversas especies, tanto citrus como uva, etc. Suman unas 50.000ha, lo que implica la imposibilidad de recursos por parte del estado para erradicarlas, además de las complicaciones legales que puedan acarrear por parte de los propietarios de esos predios.

En cuanto a la promoción de Más frutas y verduras, no han tenido la respuesta que esperaban del sector privado, que se ha privado de aportar a una estrategia común, lo que demuestra la poca importancia que le dan los dirigentes.

La muestra se ve claramente en los Mercados, cuyos actores le han dado la espalda a pesar del discurso que tienen sobre la importancia de la promoción. Se llama hipocresía.