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Por Eduardo Eraso

Titular, Editor y Columnista de Diario del Mercado
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 | 23 de Abril de 2019 |

Empoderamiento de la frutihorticultura


Siempre se trata a nuestra actividad como al último orejón del tarro, y esa queja de la dirigencia me cae bastante mal, sobre todo porque es esta dirigencia la que nos ha colocado, en todo caso, en ese lugar. Más por omisión que por acción.

Esta ausencia se nota claramente ante cada denuncia de hallazgo de agroquímicos prohibidos en frutas y hortalizas, y nadie del sector sale a confrontar o aclarar.

El auge de las denominadas frutihorticultura periurbana, cultivos ecológicos y orgánicos, tienen en los medios de comunicación el espacio necesario para promocionarse, oponiéndose a la agricultura tradicional que opera en los Mercados de Abasto.

De manera que la cadena tradicional de abastecimiento Frutihorticola permanece escondida ante cualquier tipo de agresión en los medios de comunicación, sin tomarse el trabajo de salir a contestar, aún cuando el comentario proviene de alguien no vinculado a la especialidad en salud o la agronomía.

El porqué de esta actitud salta a la vista, y es que tenemos la cola sucia, no sabemos lo que estamos vendiendo.

Hace unos días, en Orán, Salta, escuché a un ingeniero agrónomo antiveneno, del INTA La Consulta, contar algunos casos llamativos, y la reacción de un asistente fue: pero no se muere nadie.

Claro que es difícil que alguien se muera, lo que es más probable es que enferme y se vaya muriendo de a poco, ya que muchos de esos venenos son acumulativos en el tejido graso del cuerpo humano, y tienen efectos neurológicos por afectar al sistema nervioso.

Es decir que la maravillosa idea de la alimentación saludable en base a frutas y hortalizas es una verdad a medias, y lo sabemos.

La cuestión es que no todos son irresponsables, pero es muy poco el control que se les aplica, que nos permita salir a defender nuestra producción como alimentos seguros.

Sólo el Mercado Central de buenos Aires realiza controles en este sentido, pero no conocemos los resultados.

Tampoco vemos en los Mercados un mayor interés en convertirse en proveedores de alimentos seguros, delegando tal responsabilidad en los entes públicos.

Es muy difícil defender a nuestra actividad si no lucháramos en este sentido, no alcanza con la cantidad de gente que trabaja en la misma cuando en realidad nos debería interesar la cantidad de gente que consume nuestros productos.

Tampoco ayuda la atomización de las entidades, que en muchos casos nos ofrecen el espectáculo de la hoguera de las vanidades.

Sería bueno que alguna vez este tema ocupe un lugar prioritario en la agenda sectorial, el control del descontrol.